La reactivación económica es una realidad inminente. Poco a poco las personas están volviendo a las calles a retomar sus rutinas dentro de esta nueva normalidad. El tapabocas, el alcohol o el gel desinfectante ahora hacen parte del diario vestir de las personas y por supuesto que hay que incluir también el sentimiento de responsabilidad frente al contexto, porque este es un factor determinante del hacer.

El volver a las calles y lugares públicos, ahora menos concurridos, se convierte en un nuevo reto desbloqueado después de la cuarentena. Pero así como se ha logrado superar este reto, es momento de que las personas también vuelvan a los restaurantes, centros comerciales, plazoletas, museos, bares y otros establecimientos que hacían parte de la cotidianidad pre COVID-19. No obstante, el acceso a estos sitios debe hacerse de forma responsable y cumpliendo todas las medidas dichas por el ministerio de salud, puesto que aún nos encontramos en medio de la emergencia sanitaria.

Puede que ya los negocios o establecimientos tengan las puertas abiertas con puntos de desinfección, distanciamiento entre mesas del lugar, personal capacitado, agendamiento de citas por medio de plataformas digitales y otros, pero recuperar la confianza de los clientes es algo progresivo que requiere de paciencia y un trabajo bien hecho para que la clientela pueda comprobar que realmente se están haciendo bien las cosas.

No tiene sentido, por ejemplo, contar con todas las medidas de bioseguridad dentro del establecimiento y que por fuera de este haya filas largas de espera donde no se cumple con la distancia necesaria, aglomeración en otras palabras. Además, esa situación no favorece a los establecimientos, porque corren el riesgo de perder un cliente por la mala experiencia que ha tenido al ingresar. Y en este punto es importante recordar que es más fácil mantener un cliente que conseguir uno nuevo.

En consecuencia, el factor experiencia de usuario, que ha sido determinante en los últimos tiempos, ahora incluye la bioseguridad que no solo se trata de una obligación legal, sino de un deber moral. Ya no basta un lugar bonito con buena decoración; lo importante es estar seguro.

Como se mencionó anteriormente, recuperar la confianza de los clientes para que vuelvan a ocupar espacios públicos, es algo progresivo que requiere el compromiso de toda la cadena de valor llegando hasta del cliente final. Es entendible que sería maravilloso volver a encontrar lugares llenos, pero controlar el aforo es sumamente importante en este momento. Y teniendo la tecnología como aliado probablemente se pueda aprovechar la data para mejorar el servicio durante y después de la pandemia.

Finalmente, retomemos las características principales para el funcionamiento de los establecimientos, las cuales deben estar optimizadas para mejor la experiencia del usuario: control de acceso, puntos de desinfección, toma de temperatura, implementación tecnológica (reservas según horarios y turnos de operación, menús virtuales, pagos online entre otras), distanciamiento de seguridad entre mesas o de barrera según aplique en el establecimiento y señalización. Cumpliendo todas estas medidas poco a poco se recuperará la confianza de los clientes e irán ocupando esas sillas que quedaron vacías meses atrás.

Link: Protocolo de Bioseguridad para el manejo del riesgo del coronavirus decretado por el gobierno nacional

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